Queridas
familias:
¡Qué bueno es que Jesús nos llame amigos y no
siervos o esclavos! “No hay amor más
grande que dar la vida por los amigos.
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores,
porque el servidor no sabe lo que hace su señor; yo los llamo amigos porque les he dado a conocer todo lo que oí de
mi Padre” (Jn.15, 13). Esto indica que estamos en una situación de
igualdad; Él se abaja, siendo Dios, para compartir nuestra misma condición,
hasta convertirse en nuestro igual, y desde allí ayudarnos a crecer en dignidad
hasta alcanzar una dignidad divina. Por eso, podríamos aplicarle a Jesús
aquello de “quien encuentra un amigo
encuentra un tesoro”.
La
característica de Jesús como amigo es que no
nos exige nada, sólo nos propone lo mejor para nuestro bien, mientras nosotros,
o aceptamos o rechazamos sus propuestas. Y aún si abandonamos su ofrecimiento,
no dejará de ser nuestro amigo, no nos abandonará nunca: “yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt.28, 20). De aquí
que otra característica de la amistad de Jesús es la de la fidelidad, que no depende de nuestras actitudes sino solo de su
amor por nosotros.
Podríamos decir también que:
- Como amigo
verdadero está siempre dispuesto al
perdón, cuando desde nuestra parte, en esta relación de amistad, cometemos
muchos errores.
- Se siente feliz de que sus amigos se reúnan frecuentemente pues de esa
manera Él está con ellos y les comunica lo importante, los anima, los
fortalece, los alimenta preparándoles un alimento especial.
- Es un amigo que no solo está “para la farra” sino
que nos educa, se preocupa por cada
uno y por las relaciones entre sus amigos, es quien busca lo mejor sin pedir
nada a cambio.
- Es un amigo que hasta se deja usar por nosotros con
el único fin de que un día comprendamos qué clase de amigo es.
En definitiva, Jesús como amigo, da amor, un amor (ágape) desinteresado, infinito y que se conforma
-como lo hizo con Pedro (Jn.21, 15)- con el “te quiero” que le podamos dar o
no.
¿Quién
no jugó alguna vez al “amigo invisible”?, algo semejante pasa con Él: no lo vemos
pero sabemos que está, invisible a nuestros ojos, pero presente.
Sería bueno que también nosotros
tomemos a Jesús amigo como ejemplo en nuestras relaciones porque, en definitiva,
si tenemos un amigo en común quiere decir que somos amigos entre nosotros (“los
amigos de mi amigo son mis amigos”). Entonces sí podríamos decir parafraseando
la frase anterior que “el que encuentra un amigo encuentra a Jesús”.
Que
veamos a Jesús como el mejor amigo y el modelo de las relaciones que estamos
invitados a asumir los creyentes en Él.
P. Darío
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