viernes, 31 de julio de 2015

Carta del Párroco



Queridas familias:
Si miramos el calendario de este mes, notaremos que hay recordatorios especiales: día del Párroco, de los Diáconos, de los Catequistas, del Seminario diocesano. Sería bueno entonces que, por medio de estos acontecimientos, centremos la atención sobre lo que significa “ser cristiano” puesto que la esencia del auténtico creyente está en el “servicio”, en el salirse de uno mismo para abrir el corazón a las necesidades de nuestros hermanos, sea cual fueren estas prioridades. En esto no hay debate posible: el servicio cristiano es una certeza que no se discute.
Pero, ¿dónde nace este criterio? Pues bien, ¡en el Evangelio como nueva y buena noticia de parte de Dios por medio de Jesús!
En su evangelio, San Juan nos relata la “última cena”, momento central de la vida de Jesús antes de dejar este mundo para indicarnos como allí, en esa Liturgia Pascual actualizada, Cristo hace entrega de su vida: “tomen y coman” de su cuerpo. En la descripción de este acontecimiento Juan centra la atención en que el comer y beber el Cuerpo y la Sangre de Cristo lleva a identificarse con Él. De esta manera, nos muestra como Jesús lo “enseña”, levantándose de la mesa, colocándose una toalla en la cintura y lavando los pies a sus amigos. Si leemos el relato veremos muchas indicaciones, pero lo esencial es que nos enseña definitivamente que no se puede ser cristiano sin ser servidor del prójimo. Servimos a Dios cuando servimos a los hermanos. Y no solamente en los momentos importantes, sino en la cotidianidad, al ejercerlo cada uno según su vocación específica.
Este mes recordamos el “servicio” en la comunidad, pero no es un gesto exclusivo de ella: la comunidad se construye solamente si hay servicio en todos los casos y si cada uno lo sabe asumir. Muchas veces usamos la excusa del “¡no tengo tiempo!”, pero, ¿usamos bien el tiempo?, ¿qué cantidad y calidad de tiempo le damos a las cosas de Dios? Miremos adelante y veremos que mientras de este mundo no nos llevamos casi nada, el Juicio de Dios tiene presente el “servicio” aquí en la tierra (leer Mateo 25).
Si creemos que puede existir una primavera de la Iglesia, ésta se dará por el servicio, que es la actitud del buen cristiano; como decía un sabio: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”.
Pidamos a María que, Servidora del Señor como ella fue, lo podamos también ser nosotros, asumiendo nuestras responsabilidades.
Y que la bendición de Dios nos acompañe.
Con la bendición de Dios

lunes, 6 de julio de 2015

“Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti” (San Agustín)


¿De quién depende la Salvación?, cuando por Salvación se entiende la obra de Jesús que vino para perdonar nuestros pecados y hacernos re-nacer a la vida nueva de hijos de Dios y hermanos entre nosotros y abrirnos las puertas de la eternidad.
San Agustín, un gran estudioso siempre iluminado, nos dice que la salvación depende de Dios y de nosotros, siempre juntos. El objetivo de la creación del hombre por parte de Dios consiste en poder participar de su vida, entrar en el círculo de su Amor, hacernos participar de él. Poseer la vida es el  don divino: el don más grande que hayamos recibido. ¡Y qué poca importancia le damos a este don! Estamos tan acostumbrados a “tener vida” que olvidamos la relación que ésta tiene con el creador.
Ciertamente, la existencia tiene sus vueltas, nada es fácil, y muchas veces pensamos que todas las desavenencias que se nos presentan, si es que Dios existe, no tendrían que estar presentes. Sin embargo, Dios nos creó “muy buenos” pero también con “libertad” (¡Qué respetuoso este Dios creador!). Y a la libertad muchas veces la entendemos mal, no como la entendió el creador. Nosotros pensamos que tenemos libertad para hacer “lo que queremos”; mientras que se nos fue dada “para hacer el bien”. A causa de esto, siempre tenemos que elegir entre lo que queremos y hacer el bien.
Es así que lo que Jesús realizó en plena libertad se convierte en parámetro para que nosotros obremos de la misma manera.
Por eso la salvación depende también de nosotros, de nuestras elecciones. Se puede vivir de muchas maneras, también a contramano de éticas y morales y contra el sentido común: siempre dependerá de nosotros, de esta posibilidad de hacer el bien o no.

Como buenos cristianos tratemos de que, como dice Papa Francisco, “no nos roben la fe, la esperanza y el Amor de Dios”

sábado, 4 de julio de 2015

Seguimos presentado la Exhortación del Papa Francisco:



Capítulo IV: La dimensión social de la evangelización

·            “Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. ¿Quién pretendería encerrar en un templo y acallar el mensaje de san Francisco de Asís y de la beata Teresa de Calcuta? Ellos no podrían aceptarlo. Una auténtica fe —que nunca es cómoda e individualista— siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra” (n. 183).
·            “La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar, no solo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que solo podrá llevarla a nuevas crisis. Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, solo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales” (n. 202).
·            “¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común (…) ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres!” (n. 205)
·            “Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno. La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana, pero si además la miramos desde la fe, ‘toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre’” (n. 213).
·            “Precisamente porque es una cuestión que hace a la coherencia interna de nuestro mensaje sobre el valor de la persona humana, no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. Quiero ser completamente honesto al respecto. Este no es un asunto sujeto a supuestas reformas o ‘modernizaciones’. No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?” (n. 214)
·            “La Iglesia no pretende detener el admirable progreso de las cienciasAl contrario, se alegra e incluso disfruta reconociendo el enorme potencial que Dios ha dado a la mente humana. Cuando el desarrollo de las ciencias, manteniéndose con rigor académico en el campo de su objeto específico, vuelve evidente una determinada conclusión que la razón no puede negar, la fe no la contradice. Los creyentes tampoco pueden pretender que una opinión científica que les agrada, y que ni siquiera ha sido suficientemente comprobada, adquiera el peso de un dogma de fe. Pero, en ocasiones, algunos científicos van más allá del objeto formal de su disciplina y se extralimitan con afirmaciones o conclusiones que exceden el campo de la propia ciencia. En ese caso, no es la razón lo que se propone, sino una determinada ideología que cierra el camino a un diálogo auténtico, pacífico y fructífero” (n. 243).

·            “Un sano pluralismo, que de verdad respete a los diferentes y los valore como tales, no implica una privatización de las religiones, con la pretensión de reducirlas al silencio y la oscuridad de la conciencia de cada uno, o a la marginalidad del recinto cerrado de los templos, sinagogas o mezquitas. Se trataría, en definitiva, de una nueva forma de discriminación y de autoritarismo. El debido respeto a las minorías de agnósticos o no creyentes no debe imponerse de un modo arbitrario que silencie las convicciones de mayorías creyentes o ignore la riqueza de las tradiciones religiosas. Eso a la larga fomentaría más el resentimiento que la tolerancia y la paz” (n. 255).

jueves, 2 de julio de 2015

El Rincón de la Catequesis



CATEQUESIS  DEL PAPA  FRANCISCO SOBRE EL PRECIO QUE LOS NIÑOS PAGAN POR UNIONES INMADURAS Y SEPARACIONES IRRESPONSABLES
 
El Santo Padre afirma que los niños pagan el precio de 'uniones inmaduras y de separaciones irresponsables'. El Señor juzga nuestra vida escuchando lo que refieren los ángeles de los niños

Queridos hermanos y hermanas,
En la catequesis sobre la familia completamos hoy la reflexión sobre los niños, que son el fruto más bonito de la bendición que el Creador ha dado al hombre y a la mujer. Ya hemos hablado del gran don que son los niños, hoy debemos lamentablemente hablar de las “historias de Pasión” que viven muchos de ellos.
Muchos niños desde el principio son rechazados, abandonados, despojados de su infancia y de su futuro. Alguno osa decir, casi para justificarse, que ha sido un error hacerles venir al mundo. ¡Esto es vergonzoso! ¡No descarguemos sobre los niños nuestras culpas! Los niños no son nunca “un error”. Su hambre no es un error, como no lo es su pobreza, su fragilidad, su abandono; y no lo es ni siquiera su ignorancia, o su incapacidad. Muchos niños no saben lo que es una escuela.
En todo caso, se trata de motivos para amarlos más, con mayor generosidad. ¿Qué hacemos con las solemnes declaraciones de los derechos del hombre y del niño, si después castigamos a los niños por los errores de los adultos?
Aquellos que tienen la tarea de gobernar, de educar, pero diría todos los adultos, somos responsables de los niños y de hacer lo que cada uno de nosotros pueda para cambiar esta situación. Me refiero a la pasión de los niños. Cada niño marginado, abandonado, que vive por la calle mendigando e intentando sobrevivir de cualquier manera, sin escuela, sin atención médica, es un grito que sube a Dios y que acusa el sistema que hemos construido. Y lamentablemente estos niños son presa de criminales, que les explotan para el tráfico y el comercio indigno, y los adiestran para la guerra y la violencia.
Pero también en los países, así llamados, ricos, muchos niños viven dramas que les marcan de una forma muy fuerte, por la crisis de la familia, de los vacíos educativos y de condiciones de vida a veces deshumanas. En cualquier caso, son infancias violadas en el cuerpo y en el alma. ¡Pero ninguno de estos niños es olvidado por el Padre que está en el cielo! ¡Ninguna de sus lágrimas se pierde!, como tampoco se pierde nuestra responsabilidad, la responsabilidad social de las personas y de los países.
 (Continuará)

martes, 30 de junio de 2015

VIVAMOS EN SINTONÍA CON TODA LA IGLESIA



Queridas familias:
Ya comenzamos la segunda mitad del año: el tiempo pasa rápidamente, los acontecimientos muchas veces nos superan y corremos el riesgo de dejarnos llevar por ellos, sin poder decidir nosotros las prioridades.
Sin embargo, como Iglesia, estamos llamados a poner nuestra atención en los grandes acontecimientos, como por ejemplo, en el mes de octubre, el Sínodo de los Obispos, nuestros guías. Se trata de un evento muy importante ya que fue precedido por un pre-sínodo el año pasado e implica el tratamiento de un tema central para la vida humana desde la óptica de la fe, es decir, “desde el Proyecto de Dios”: “la Familia”. En relación con el tema “Familia” y frente a las nuevas realidades, ya desde hace tiempo se está rezando y analizando la forma en que ese proyecto de Dios se articula en nuestra realidad. No se trata de acomodar las cosas según los caprichos de los hombres, sino de ver, juzgar y actuar en función de lo que hoy quiere Dios.
Después del Sínodo, el Papa Francisco nos propondrá las conclusiones y la palabra iluminadora para que nosotros podamos vivir la enseñanza del evangelio en esta vocación tan especial como es la matrimonial y familiar.
A nosotros nos toca, entonces, rezar para que Jesús ilumine a los que están llamados a ofrecer respuestas y propuestas. Rezar, para que abramos nuestro corazón aceptando las conclusiones con un profundo y sincero sentido de fe. Rezar, para que nuestras familias puedan llegar a ser esas células que animan fortalecen y construyen el verdadero tejido social de nuestra sociedad.
Por esto mismo, es necesario no permitir que los integrantes del Sínodo que se sientan solos, sino que debemos acompañados también por nosotros: esto es la “comunión de los santos”.
Lo que está en juego es el bien y el futuro de la humanidad y creo, estoy convencido, de que los hombres de buena voluntad no podemos estar ajenos a esto, no podemos encerrarnos sólo en nuestros propios problemas. El “microclima” siempre hace ver solo una parte de las cosas y la mayoría de las veces sólo las que nos convienen: abrir el horizonte nos hará bien y expresará “la magnanimidad” de la que nos habla S. Pablo.


Con la bendición de Dios

miércoles, 24 de junio de 2015

Visión general de la encíclica Laudato si'


Ciudad del Vaticano (AICA): La Oficina de prensa de la Santa Sede ofreció, esta mañana, una visión general de las 191 páginas de la encíclica Laudato si´ y de sus puntos claves, así como un resumen de los seis capítulos (Lo que está pasando a nuestra casa”; El Evangelio de la creación; La raíz humana de la crisis ecológica; Una ecología integral; Algunas líneas orientativas y de acción; Educación y espiritualidad ecológica que la componen) y de sus apartados. La encíclica termina con una oración interreligiosa por nuestra tierra y una Oración cristiana con la creación.

La Oficina de prensa de la Santa Sede ofreció, esta mañana, una visión general de las 191 páginas de la encíclica Laudato si' y de sus puntos claves, así como un resumen de los seis capítulos (Lo que está pasando a nuestra casa”; El Evangelio de la creación; La raíz humana de la crisis ecológica; Una ecología integral; Algunas líneas orientativas y de acción; Educación y espiritualidad ecológica que la componen) y de sus apartados. La encíclica termina con una oración interreligiosa por nuestra tierra y una Oración cristiana con la creación.
Líneas generales de la encíclica Laudato si’ 
“¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?”. Esta pregunta está en el centro de Laudato si’, la esperada encíclica del papa Francisco sobre el cuidado de la casa común. Y continúa: “Esta pregunta no afecta sólo al ambiente de manera aislada, porque no se puede plantear la cuestión de modo fragmentario”, y nos conduce a interrogarnos sobre el sentido de la existencia y el valor de la vida social: “¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué vinimos a esta vida? ¿para qué trabajamos y luchamos? ¿para qué nos necesita esta tierra?”: “Si no nos planteamos estas preguntas de fondo -dice el Pontífice- no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan obtener resultados importantes”.
La encíclica toma su nombre de la invocación de san Francisco, Laudato si’, mi’ Signore, que en el Cántico de las creaturas recuerda que la tierra, nuestra casa común, “es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos recibe entre sus brazos”. Nosotros mismos “somos tierra. Nuestro propio cuerpo está formado por elementos del planeta, su aire nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura”. 

Pero ahora esta tierra maltratada y saqueada clama y sus gemidos se unen a los de todos los abandonados del mundo. El papa Francisco nos invita a escucharlos, llamando a todos y cada uno -individuos, familias, colectivos locales, nacionales y comunidad internacional- a una “conversión ecológica”, según expresión de san Juan Pablo II, es decir, a “cambiar de ruta”, asumiendo la urgencia y la hermosura del desafío que se nos presenta ante el “cuidado de la casa común”.
Al mismo tiempo, el papa Francisco reconoce que “se advierte una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza, y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestro planeta”, permitiendo una mirada de esperanza que atraviesa toda la encíclica y envía a todos un mensaje claro y esperanzado: “La humanidad tiene aún la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común”; “el ser humano es todavía capaz de intervenir positivamente”; “no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, pueden también superarse, volver a elegir el bien y regenerarse “. 
El papa Francisco se dirige, claro está, a los fieles católicos, retomando las palabras de san Juan Pablo II: “Los cristianos, en particular, descubren que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la naturaleza y el Creador, forman parte de su fe”, pero se propone “especialmente entrar en diálogo con todos sobre nuestra casa común”: el diálogo aparece en todo el texto, y en el capítulo 5 se vuelve instrumento para afrontar y resolver los problemas. Desde el principio el papa Francisco recuerda que también “otras Iglesias y Comunidades cristianas -como también otras religiones- han desarrollado una profunda preocupación y una valiosa reflexión” sobre el tema de la ecología. Más aún, asume explícitamente su contribución a partir de la del “querido patriarca ecuménico Bartolomé”, ampliamente citado en los nn. 8-9.
En varios momentos, además, el Pontífice agradece a los protagonistas de este esfuerzo -tanto individuos como asociaciones o instituciones-, reconociendo que “la reflexión de innumerables científicos, filósofos, teólogos y organizaciones sociales ha enriquecido el pensamiento de la Iglesia sobre estas cuestiones” e invita a todos a reconocer “la riqueza que las religiones pueden ofrecer para una ecología integral y para el desarrollo pleno del género humano”.
El recorrido de la encíclica está trazado en el n. 15 y se desarrolla en seis capítulos. A partir de la escucha de la situación a partir de los mejores conocimientos científicos disponibles hoy, recurre a la luz de la Biblia y la tradición judeo-cristiana, detectando las raíces del problema en la tecnocracia y el excesivo repliegue autorreferencial del ser humano. La propuesta de la encíclica es la de una “ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales”, inseparablemente vinculadas con la situación ambiental.
En esta perspectiva, el papa Francisco propone emprender un diálogo honesto a todos los niveles de la vida social, que facilite procesos de decisión transparentes. Y recuerda que ningún proyecto puede ser eficaz si no está animado por una conciencia formada y responsable, sugiriendo principios para crecer en esta dirección a nivel educativo, espiritual, eclesial, político y teológico. El texto termina con dos oraciones, una que se ofrece para ser compartida con todos los que creen en “un Dios creador omnipotente”, y la otra propuesta a quienes profesan la fe en Jesucristo, rimada con el estribillo Laudato si’, que abre y cierra la encíclica.
El texto está atravesado por algunos ejes temáticos, vistos desde variadas perspectivas, que le dan una fuerte coherencia interna: “la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.”
.Capítulo 1: “Lo que está pasando a nuestra casa”
Calentamiento global y contaminación; Contaminación, basura y cultura del descarte; El clima como bien común; La cuestión del agua; Pérdida de biodiversidad; Deterioro de la calidad de la vida humana y decadencia social; Inequidad planetaria; La debilidad de las reacciones. Diversidad de opiniones.
El capítulo asume los descubrimientos científicos más recientes en materia ambiental como manera de escuchar el clamor de la creación, para “convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar”. Se acometen así “varios aspectos de la actual crisis ecológica".
El cambio climático: “El calentamiento es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad”. Si “el clima es un bien común, de todos y para todos”, el impacto más grave de su alteración recae en los más pobres, pero muchos de los que “tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del calentamiento”: “La falta de reacciones ante estos dramas de nuestros hermanos es un signo de la pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil”. 

La cuestión del agua:
 El Papa afirma sin ambages que “el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos.” Privar a los pobres del acceso al agua significa negarles “el derecho a la vida, enraizado en su inalienable dignidad”.
La pérdida de la biodiversidad: “Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre”. No son sólo eventuales “recursos” explotables, sino que tienen un valor en sí mismas. En esta perspectiva “son loables y a veces admirables los esfuerzos de científicos y técnicos que tratan de aportar soluciones a los problemas creados por el ser humano”, pero esa intervención humana, cuando se pone al servicio de las finanzas y el consumismo, “hace que la tierra en que vivimos se vuelva menos rica y bella, cada vez más limitada y gris”.
.La deuda ecológica: en el marco de una ética de las relaciones internacionales, la encíclica indica que existe “una auténtica deuda ecológica”, sobre todo del Norte en relación con el Sur del mundo. Frente al cambio climático hay “distintas responsabilidades”, y son mayores las de los países desarrollados.
Conociendo las profundas divergencias que existen respecto a estas problemáticas, el papa Francisco se muestra profundamente impresionado por la “debilidad de las reacciones” frente a los dramas de tantas personas y poblaciones. Aunque no faltan ejemplos positivos, señala “un cierto adormecimiento y una alegre irresponsabilidad”. Faltan una cultura adecuada y la disposición a cambiar de estilo de vida, producción y consumo, a la vez que urge “crear un sistema normativo que asegure la protección de los ecosistemas”. 

Capítulo 2: El Evangelio de la Creación
La luz que ofrece la fe; La sabiduría de los relatos bíblicos; El misterio del universo; El mensaje de cada criatura en la armonía de todo lo creado;Una comunión universal; El destino común de los bienes; La mirada de Jesús
.Para afrontar la problemática ilustrada en el capítulo anterior, el papa Francisco relee los relatos de la Biblia, ofrece una visión general que proviene de la tradición judeo-cristiana y articula la “tremenda responsabilidad” del ser humano respecto a la creación, el lazo íntimo que existe entre todas las creaturas, y el hecho de que “el ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos”.
En la Biblia, “el Dios que libera y salva es el mismo que ha creado el universo”, y “en él se conjugan amor y poder”. El relato de la creación es central para reflexionar sobre la relación entre el ser humano y las demás creaturas, y sobre cómo el pecado rompe el equilibrio de toda la creación en su conjunto. “Estas narraciones sugieren que la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra. Según la Biblia, las tres relaciones vitales se han roto, no sólo externamente, sino también dentro de nosotros. Esta ruptura es el pecado”. 

Por ello, aunque “si es verdad que algunas veces los cristianos hemos interpretado incorrectamente las Escrituras, hoy debemos rechazar con fuerza que, del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas”. Al ser humano le corresponde “cultivar y custodiar” el jardín del mundo “, sabiendo que “el fin último de las demás criaturas no somos nosotros. Pero todas avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios”.
Que el ser humano no sea patrón del universo “no significa equiparar a todos los seres vivos y quitarle aquel valor peculiar que lo caracteriza; y “tampoco supone una divinización de la tierra que nos privaría del llamado a colaborar con ella y a proteger su fragilidad”. En esta perspectiva “todo ensañamiento con cualquier criatura “es contrario a la dignidad humana”, pero “no puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos”.
Es necesaria la conciencia de una comunión universal: “creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde.” 

Concluye el capítulo con el corazón de la revelación cristiana: el “Jesús terreno” con su “relación tan concreta y amable con las cosas” está “resucitado y glorioso, presente en toda la creación con su señorío universal”.
Capítulo 3: La raíz humana de la crisis ecológica
La tecnología: creatividad y poder; La globalización del paradigma tecnológico; Crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno; El relativismo práctico; La necesidad de preservar el trabajo; La innovación biológica a partir de la investigación 

Este capítulo presenta un análisis de la situación actual “para comprender no sólo los síntomas sino también las causas más profundas”, en un diálogo con la filosofía y las ciencias humanas.
Un primer fundamento del capítulo son las reflexiones sobre la tecnología: se le reconoce con gratitud su contribución al mejoramiento de las condiciones de vida, aunque también “dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero”. 

“Son justamente las lógicas de dominio tecnocrático las que llevan a destruir la naturaleza y a explotar a las personas y las poblaciones más débiles. “El paradigma tecnológico también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política”, impidiendo reconocer que “el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social”.
 

En la raíz de todo ello puede diagnosticarse en la época moderna un exceso de antropocentrismo: el ser humano ya no reconoce su posición justa respecto al mundo, y asume una postura autorreferencial, centrada exclusivamente en sí mismo y su poder. De ello deriva una lógica “use y tire” que justifica todo tipo de descarte, sea éste humano o ambiental, que trata al otro y a la naturaleza como un simple objeto y conduce a una infinidad de formas de dominio.
Es la lógica que conduce a la explotación infantil, el abandono de los ancianos, a reducir a otros a la esclavitud, a sobrevalorar las capacidades del mercado para autorregularse, a practicar la trata de seres humanos, el comercio de pieles de animales en vías de extinción, y de “diamantes ensangrentados”. Es la misma lógica de muchas mafias, de los traficantes de órganos, del narcotráfico y del descarte de los niños que no se adaptan a los proyectos de los padres.
A esta luz, la encíclica afronta dos problemas cruciales para el mundo de hoy. Primero que nada el trabajo: “En cualquier planteamiento sobre una ecología integral, que no excluya al ser humano, es indispensable incorporar el valor del trabajo”, pues “dejar de invertir en las personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad.” 

La segunda se refiere a los límites del progreso científico, con clara referencia a los OGM, que son “una cuestión ambiental de carácter complejo”. Si bien “en algunas regiones su utilización ha provocado un crecimiento económico que ayudó a resolver problemas, hay dificultades importantes que no deben ser relativizadas, por ejemplo “una concentración de tierras productivas en manos de pocos”.
 
El papa Francisco piensa en particular en los pequeños productores y en los trabajadores del campo, en la biodiversidad, en la red de ecosistemas. Es por ello necesaria “una discusión científica y social que sea responsable y amplia, capaz de considerar toda la información disponible y de llamar a las cosas por su nombre”, a partir de “líneas de investigación libre e interdisciplinaria”.
Capítulo 4: Una ecología integral
Ecología ambiental, económica y social; La ecología cultural; La ecología humana y el espacio de la vida cotidiana; El principio del bien común; Una justicia intergeneracional bien entendida.
El núcleo de la propuesta de la encíclica es una ecología integral como nuevo paradigma de justicia, una ecología que “incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea”. De hecho no podemos “entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida”. Esto vale para todo lo que vivimos en distintos campos: en la economía y en la política, en las distintas culturas, en especial las más amenazadas, e incluso en todo momento de nuestra vida cotidiana.
La perspectiva integral incorpora también una ecología de las instituciones. “Si todo está relacionado, también la salud de las instituciones de una sociedad tiene consecuencias en el ambiente y en la calidad de vida humana: “Cualquier menoscabo de la solidaridad y del civismo produce daños ambientales”.
Con muchos ejemplos concretos el papa Francisco ilustra su pensamiento: que hay un vínculo entre los asuntos ambientales y cuestiones sociales humanas, y que ese vínculo no puede romperse. Así pues, el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos, y de la relación de cada persona consigo misma, porque “no hay dos crisis separadas, una ambiental y la otra social, sino una única y compleja crisis socioambiental”.
Esta ecología ambiental “es inseparable de la noción del bien común”, que debe comprenderse de manera concreta: en el contexto de hoy en el que “donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos”, esforzarse por el bien común significa hacer opciones solidarias sobre la base de una “opción preferencial por los más pobres”. Este es el mejor modo de dejar un mundo sostenible a las próximas generaciones, no con las palabras, sino por medio de un compromiso de atención hacia los pobres de hoy como había subrayado Benedicto XVI: “además de la leal solidaridad intergeneracional, se ha de reiterar la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad intrageneracional”.
La ecología integral implica también la vida cotidiana, a la cual la encíclica dedica una especial atención, en particular en el ambiente urbano. El ser humano tiene una enorme capacidad de adaptación y “es admirable la creatividad y la generosidad de personas y grupos que son capaces de revertir los límites del ambiente, aprendiendo a orientar su vida en medio del desorden y la precariedad”. Sin embargo, un desarrollo auténtico presupone un mejoramiento integral en la calidad de la vida humana: espacios públicos, vivienda, transportes. 

También “nuestro cuerpo nos pone en relación directa con el ambiente y con los demás seres humanos. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como don del Padre y casa común; en cambio una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio”.
 

Capítulo 5: Algunas líneas orientativas y de acción
 El diálogo sobre el ambiente en la política internacional; El diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales; Favorecer debates sinceros y honestos; Política y economía en diálogo para la plenitud humana; Las religiones en el diálogo con las ciencias. 

Este capítulo afronta la pregunta sobre qué podemos y debemos hacer. Los análisis no bastan: se requieren propuestas “de diálogo y de acción que involucren a cada uno de nosotros y a la política internacional” y “que nos ayuden a salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo”.
Para el papa Francisco es imprescindible que la construcción de caminos concretos no se afronte de manera ideológica, superficial o reduccionista. Para ello es indispensable el diálogo, término presente en el título de cada sección de este capítulo: “Hay discusiones sobre cuestiones relacionadas con el ambiente, donde es difícil alcanzar consensos. La Iglesia no pretende definir las cuestiones científicas ni sustituir a la política, pero invito a un debate honesto y transparente, para que las necesidades particulares o las ideologías no afecten al bien común”.
 Sobre esta base el papa Francisco no teme formular un juicio severo sobre las dinámicas internacionales recientes: “las Cumbres mundiales sobre el ambiente de los últimos años no respondieron a las expectativas porque, por falta de decisión política, no alcanzaron acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces”. Y se pregunta “¿por qué se quiere mantener hoy un poder que será recordado por su incapacidad de intervenir cuando era urgente y necesario hacerlo? Son necesarias, como los Pontífices han repetido muchas veces a partir de la Pacem in terris, formas e instrumentos eficaces de gobernanza global: “necesitamos un acuerdo sobre los regímenes de gobernanza global para toda la gama de los llamados “bienes comunes globales”, dado que 'la protección ambiental no puede asegurarse sólo sobre la base del cálculo financiero de costos y beneficios. El ambiente es uno de esos bienes que los mecanismos del mercado no son capaces de defender o de promover adecuadamente”. 
Aun en este capítulo, el papa Francisco insiste sobre el desarrollo de procesos decisionales honestos y transparentes, para poder “discernir” las políticas e iniciativas empresariales que conducen a un “auténtico desarrollo integral”. En particular, el estudio del impacto ambiental de un nuevo proyecto “requiere procesos políticos transparentes y sujetos al diálogo, mientras la corrupción que esconde el verdadero impacto ambiental de un proyecto a cambio de favores suele llevar a acuerdos espurios que evitan informar y debatir ampliamente”.
La llamada a los que detentan encargos políticos es particularmente incisiva, para que eviten “la lógica eficientista e inmediatista” que hoy predomina. Pero “si se atreve a hacerlo, volverá a reconocer la dignidad que Dios le ha dado como humano y dejará tras su paso por esta historia un testimonio de generosa responsabilidad”.
 Capítulo 6: Educación y espiritualidad ecológica 
Apostar por otro estilo de vida Educación para la alianza entre la humanidad y el ambiente; La conversión ecológica; Gozo y paz; El amor civil y político; Los signos sacramentales y el descanso celebrativo; La Trinidad y la relación entre las criaturas; La Reina de todo lo creado; Más allá del sol 
El capítulo final va al núcleo de la conversión ecológica a la que nos invita la encíclica. La raíz de la crisis cultural es profunda y no es fácil rediseñar hábitos y comportamientos. La educación y la formación siguen siendo desafíos básicos: “todo cambio requiere motivación y un camino educativo”. Deben involucrarse los ambientes educativos, el primero “la escuela, la familia, los medios de comunicación, la catequesis”.
El punto de partida es “apostar por otro estilo de vida”, que abra la posibilidad de “ejercer una sana presión sobre quienes detentan el poder político, económico y social”. Es lo que sucede cuando las opciones de los consumidores logran “modificar el comportamiento de las empresas, forzándolas a considerar el impacto ambiental y los modelos de producción”. 

No se puede subestimar la importancia de cursos de educación ambiental capaces de cambiar los gestos y hábitos cotidianos, desde la reducción en el consumo de agua a la separación de residuos o el “apagar las luces innecesarias”. “Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo.” Todo ello será más sencillo si parte de una mirada contemplativa que viene de la fe. “Para el creyente, el mundo no se contempla desde afuera sino desde adentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres. Además, haciendo crecer las capacidades peculiares que Dios le ha dado, la conversión ecológica lleva al creyente a desarrollar su creatividad y su entusiasmo”.
 

Vuelve la línea propuesta en la Evangelii gaudium: “La sobriedad, que se vive con libertad y conciencia, es liberadora”, así como “La felicidad requiere saber limitar algunas necesidades que nos atontan, quedando así disponibles para las múltiples posibilidades que ofrece la vida.” De este modo se hace posible “sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos”.
 
Los santos nos acompañan en este camino. San Francisco, mencionado muchas veces, es el “ejemplo por excelencia del cuidado por lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría”. Pero la encíclica recuerda también a San Benito, Santa Teresa de Lisieux y al beato Charles de Foucauld. 
Después de la Laudato si’, el examen de conciencia -instrumento que la Iglesia aconsejó para orientar la propia vida a la luz de la relación con el Señor- deberá incluir una nueva dimensión, considerando no sólo cómo se vive la comunión con Dios, con los otros y con uno mismo, sino también con todas las creaturas y la naturaleza”.+ 

VISITA DE LA RÉPLICA DEL SANTO SUDARIO DE TURÍN A LA DIÓCESIS DE AVELLANEDA-LANÚS

Con gran júbilo anunciamos que -desde el  24 de junio hasta el 9 de julio- la Sábana Santa de Turín visitará la Diócesis de Avellaneda-Lanús.
1.     En la Catedral, Nuestra Señora de la Asunción (San Martín 745 Avellaneda), permanecerá desde su llegada , el 24 de junio hasta el miércoles 1º de julio. Y luego:

2.     En la Parroquia  Sagrada Corazón (Ituzaingo 1147 Lanús Este) desde el 2 hasta el 9 de julio


DATA:
El Sudario de Turín —también conocido como la Síndone, Sábana Santa o  Santo Sudario— es una tela de lino que muestra la imagen de un hombre que presenta marcas y traumas físicos propios de una crucifixión. Se encuentra ubicado en la capilla real de la catedral de San Juan Bautista, en Turín (Italia). El sudario mide 436 cm × 113 cm. Los orígenes del sudario y su figura son objeto de debate entre científicos, teólogos, historiadores e investigadores. Se sostiene que el sudario es la tela que se colocó sobre el cuerpo de Jesucristo en el momento de su entierro, y que el rostro que aparece es el suyo.

La Sábana Santa es un «reto a la inteligencia» por la extraordinaria crónica visual que ofrece de la pasión de Cristo. «Dado que no se trata de una materia de fe, la Iglesia no tiene competencia específica para pronunciarse sobre esas cuestiones. Encomienda a los científicos la tarea de continuar investigando para encontrar respuestas adecuadas a los interrogantes relacionados con este lienzo que, según la tradición, envolvió el cuerpo de nuestro Redentor cuando fue depuesto de la cruz» (Juan Pablo II ante la Sábana Santa 1998)

miércoles, 3 de junio de 2015

Capilla Espiritu Santo

El pasado 24 de mayo celebramos Pentecostés y las fiestas patronales de la capilla.
Comenzamos el sábado 23 participando de la Vigilia, compartiendo unos fragmentos de la película “Relatos Salvajes”, que se utilizaron como disparador para luego debatir sobre los valores en nuestra sociedad a la luz de los Dones que nos regala el Espíritu Santo. Además, fuimos iluminados con un mensaje del Papa Francisco -del año 2013 y con motivo de esta misma fiesta- en el que el pontífice destacaba tres palabras muy necesarias para la construcción de la Iglesia (Comunidad) y relacionadas con la acción del Espíritu Santo: novedad, armonía y misión..
Pasado este momento, degustamos en comunidad “las lentejas de Pentecostés”, plato acompañado con el exquisito pan que nos dona la Sra. Margarita, propietaria de la panadería “Dulzuras”, a la que agradecemos su generoso aporte.
El día domingo 24 compartimos la Eucaristía, celebrada por el sacerdote Juan Molina, de la parroquia Santa Inés, para quien tenemos un especial agradecimiento por donarnos su tiempo.
No podía faltar el mensaje de cariño y aliento de nuestro querido Padre Darío que desde Italia hizo llegar sus saludos, mail mediante.
Al finalizar la misa, se sorteó la rifa que se realizó para la ocasión y el primer premio, una cena para dos personas en un restaurante a elección de entre cuatro posibles, fue para Perla (parroquia San Jorge); el segundo premio, de igual tenor, fue para Nelson Campa (profesor de teatro en la capilla). Por otra parte, la persona que vendió la mayor cantidad de números, ¡lejos....!, fue Norma Ramos (secretaria de la parroquia):¡80 rifas!; logro por el cual fue distinguida con un regalo de otra cena para dos personas. A los afortunados ganadores: ¡FELICITACIONES!
Agradecemos enormemente la generosa donación de dichas cenas: lo recaudado fue totalmente destinado para la Capilla, y también damos las gracias a todos los que colaboraron comprando y vendiendo los números.

Les recordamos que las misas dominicales en la capilla, en ausencia del padre Darío se celebran a las 10:30 hs., hasta el domingo 5 de julio.
A partir del domingo 12, las celebraciones, como de costumbre, serán a las 9 hs.


domingo, 31 de mayo de 2015

Colecta para el servicio universal de la iglesia



     
         Esta colecta se realizará el próximo 5 de julio, antiguamente, llevaba el nombre de “Óbolo de San Pedro” (oferta a Pedro, el Papa) y está destinada a las obras de Caridad que el Papa Francisco juzga oportunas en las dificultades que se van presentando en distintos lugares del mundo.

     Nuestra adhesión a ella significará un pequeño gesto que indica que somos la “Iglesia una, santa, católica y apostólica”; tal como nos enseña  Jesús, que nos quiere ver como hermanos.

lunes, 18 de mayo de 2015

FIESTAS PATRONALES DE NUESTRA CAPILLA








Una breve explicación del cuadro que tenemos en la Capilla ya que en él hay toda una doctrina cristiana:
1.      la base, la tierra, es el lugar dónde se juega la vida, es la realidad donde estamos y donde nos puso el buen Dios.
2.      Las columnas y el arco expresan la obra del hombre, su accionar, la continuación de la obra creadora de Dios. Pero… están desplazados, no estan en el centro. Es decir son imperfectos.
3.      La cruz: signo del amor de Dios en Jesucristo que viene a perfeccionar a toda la creación (comunión). Esa está en el centro.
4.      De la cruz (de Cristo muerto y resucitado) se desprende o se nos dona el Espíritu Santo (la Paloma) con sus siete (infinidad) dones. Están dirigidos hacia la tierra (nosotros) y nuestra obra. Cristo nos dona su Espíritu y los dones para perfeccionar su obra en el mundo y hacerla más humana.
5.      Los ängeles, que están sobre toda esta realidad humana,  nos recuerdan que todo “trasciende”, que hay lago más después de este paso sobre la tierra .Nos indican “el cielo”.

Este cuadro fue realizado en Brescia - Italia por un pintor: Domenico Giustachini, hombre simple pero de una gran visión cristiana de la existencia human. Nos lo donó con generosidad y mucho amor.