El
año de la Fe nos
da la posibilidad de centrar nuestra atención sobre este don ofrecido por Dios
para poder dar sentido a nuestra vida tanto aquí, sobre la tierra, como en su
proyección eterna. Por eso es necesario para nosotros, que nos decimos cristianos,
hombres de fe, conocerla, celebrarla, vivirla.
Este
don que recibimos nos da, cuando lo conocemos, una perspectiva nueva, una
seguridad que va enriqueciendo nuestra vida: si así lo entendemos se convierte
en un “don esencial”. Por eso mismo también nosotros, por esa identificación
con Cristo Jesús, somos mediadores para que otros puedan obtener ese don. Es lo
que se llama “comunicar la fe”. Se trata de una tarea de toda la Iglesia (los creyentes),
desde el Papa hasta el papá y la mamá que educan a sus hijos.




