miércoles, 12 de agosto de 2015

Capilla Espíritu Santo

La Comunidad del Espíritu Santo es pequeña y le cuesta crecer. Si bien este año se han anotado varios chicos para la Iniciación cristiana, sus padres no sienten la importancia de la enseñanza y el deseo de Jesús: “que todos sean uno, como Tú y Yo Padre, somos uno”.
Muchas veces se piensa que se es cristiano por el simple hecho de haber recibido las aguas bautismales y haber hecho la Primera Comunión (“la confirmación no tiene demasiada importancia”, se cree). Pero como ya en el siglo III decía Tertuliano: “cristianos no se nace, se hace”.
Verdaderamente, los ritos sacramentales, si se reciben sin un significado y una vivencia, no producen absolutamente nada, ya que no son cosas mágicas. Ser cristiano, ser seguidores de Jesús, sus discípulos, implica “estar unidos a Él, escucharlo, seguirlo y vivir sus enseñanzas”: para esto ha sido enviado por el Padre.
Tal vez todo esto se entiende, pero no interesa vivirlo. Y aún hay algo más comprometedor y que ayuda a vivir unidos a Jesús..., y es “ser Comunidad”, pues, como nos enseña el Hijo de Dios: “donde hay dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Esto es ser  “Iglesia”, “Pueblo de Dios”, “su Familia”. Y es en este ambiente de familia que tenemos que ir construyéndola, entre todos, con convencimiento, para ir haciéndonos cristianos.
En resumen: la Comunidad cristiana tiene tres pilares: el culto o Liturgia, que son las celebraciones de alabanza, agradecimiento, petición, donde todos somos celebrantes; el conocimiento de la Palabra de Dios por medio de la catequesis (y no sólo la de los niños sino -y fundamentalmente- la de los adultos); y, por último, la Caridad, que es el amor mutuo de los creyentes expresado en el compartir, sostenerse, ayudarse para vivir los valores del Evangelio y así ir construyendo una Humanidad Nueva.

El Espíritu Santo es el alma de todo esto. Por eso esperamos que nuestra querida Capilla pueda reflejar siempre ese Espíritu para bien de los vecinos y de toda la Comunidad Parroquial

jueves, 6 de agosto de 2015

Capítulo V: Evangelizadores con espíritu

- “Una evangelización con espíritu es muy diferente de un conjunto de tareas vividas como una obligación pesada que simplemente se tolera, o se sobrelleva como algo que contradice las propias inclinaciones y deseos. ¡Cómo quisiera encontrar las palabras para alentar una etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa! Pero sé que ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu” (n. 261).
- “La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirmeYo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás. Pero si uno separa la tarea por una parte y la propia privacidad por otra, todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades. Dejará de ser pueblo” (n. 273).

- “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hch 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización. (…) Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes” (nn. 284 y 288).

lunes, 3 de agosto de 2015

El Rincón de la Catequesis

CATEQUESIS  DEL PAPA  FRANCISCO SOBRE EL PRECIO QUE LOS NIÑOS PAGAN POR UNIONES INMADURAS Y SEPARACIONES IRRESPONSABLES
 
El Santo Padre afirma que los niños pagan el precio de 'uniones inmaduras y de separaciones irresponsables'. El Señor juzga nuestra vida escuchando lo que refieren los ángeles de los niños

“Una vez Jesús regañó a sus discípulos porque alejaban a los niños que los padres le llevaban para que les bendijera”. Es conmovedora la narración evangélica: “Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, pero Jesús les dijo: ’Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos. Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí”. ¡Qué bonita esa confianza de los padres, y esta respuesta de Jesús! ¡Cómo quisiera que esta página se convirtiera en la historia normal de todos los niños!
Es verdad que gracias a Dios los niños con graves dificultades encuentran muy a menudo padres extraordinarios, preparados para cualquier tipo de sacrificio y de generosidad. ¡Pero no se debería dejar solos a estos padres!, deberíamos acompañar su fatiga, pero también ofrecerles momentos de alegría compartida y de alegría despreocupada, para que no sean presos solo de la rutina terapéutica.
Cuando se trata de los niños, en cualquier caso, no se deberían escuchar esas fórmulas de la defensa legal de oficina tipo: “Después de todo, no somos una organización benéfica” o “En lo privado, cada uno es libre de hacer lo que quiere” o también “Lo sentimos, no podemos hacer nada”. Estas palabras no sirven cuando se trata de niños.
Demasiado a menudo en los niños recaen los efectos de la vida de un trabajo precario o mal pagado, de horarios insostenibles, de transportes ineficientes… Pero los niños pagan también el precio de uniones inmaduras y de separaciones irresponsables, son las primeras víctimas. Sufren los resultados de la cultura de los derechos subjetivos exasperados, y se convierten después en hijos más precoces. A menudo absorben una violencia que no son capaces de “disponer”, y bajo los ojos de los de los grandes están obligados a acostumbrarse a la degradación.
También en esta época, como en el pasado, la Iglesia pone su maternidad al servicio de los niños y de sus familias. A los padres y a los hijos de este nuestro mundo lleva la bendición de Dios, la ternura materna, el reproche firme y la condena decidida. Hermanos y hermanas, pensemos bien: ¡Con los niños no se bromea!
Pensemos como sería una sociedad que decidiera, de una vez por todas, establecer este principio: “Es verdad que nos somos perfectos y que cometemos muchos errores. Pero cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos se juzgará demasiado costoso o demasiado grande, para evitar que un niño piense que es un error, que no vale nada y estar abandonado a las heridas de la vida y a la prepotencia de los hombres”. Que bonita sería esta sociedad.  Yo creo que a esta sociedad, mucho le sería perdonado por sus innumerables errores. Mucho, de verdad.
El Señor juzga nuestra vida escuchando lo que refieren los ángeles de los niños, ángeles que “ven siempre el rostro del Padre que está en los cielos". Preguntémonos siempre: ¿Qué contarán a Dios de nosotros estos ángeles de los niños?”  


                                                 Ciudad del Vaticano, 08 de abril de 2015

domingo, 2 de agosto de 2015

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL HOMBRE Y LA MUJER


COMO DON DE DIOS A LA HUMANIDAD  (1º parte)
 
     ¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días! La catequesis de hoy está dedicada a un tema central: el gran don que Dios dio a la humanidad con la creación del hombre y de la mujer y con el sacramento del matrimonio. Esta catequesis y la próxima se refieren a la diferencia y a la complementariedad entre el hombre y la mujer, que están en la cumbre de la creación divina; las próximas dos serán sobre el tema del matrimonio.
     Iniciamos con un breve comentario a la primera narración sobre la creación, en el libro del Génesis. Aquí leemos que Dios, después de haber creado el universo y a todos los seres vivientes, creó su obra maestra, o sea el ser humano, que hizo a su propia imagen: “A imagen de Dios los creó: varón y mujer los creó”. (Gen 1,27). Así dice el libro del Génesis.
     Como todos sabemos, la diferencia sexual está presente en muchas formas de vida, en la amplia escala de los vivientes. Pero solamente el hombre y la mujer llevan en sí la imagen y semejanza de Dios: ¡el texto bíblico lo repite nada menos que tres veces en dos estrofas (26-27)!
      El hombre y la mujer son creados a imagen y semejanza de Dios. Esto nos dice que no solamente el hombre en sí es creado a imagen de Dios, no solamente la mujer tomada en sí es creada a imagen de Dios, también el hombre y la mujer como pareja, lo son a imagen y semejanza de Dios. La diferencia entre hombre y mujer no es contraposición, o la subordinación, es comunión y generación, siempre a imagen y semejanza de Dios.
     La experiencia nos enseña: para conocerse bien y crecer armónicamente el ser humano tiene necesidad de la reciprocidad entre hombre y mujer. Cuando esto no sucede, se ven las consecuencias. Estamos hechos para escucharnos y ayudarnos mutuamente. Podemos decir que sin en enriquecimiento recíproco en esta relación “en el pensamiento y en la acción, en los afectos y en el trabajo, y también en la fe” los dos no pueden ni siquiera entender hasta el fondo qué significa ser hombre y mujer.
 (Continuará…)


sábado, 1 de agosto de 2015

CELEBRACIONES EN AGOSTO

4 de agosto: DÍA DEL PÁRROCO
En el día de la Memoria del Cura de Ars, San Juan María Vianney, se celebra del día del Párroco. Se trata -antes que de una fiesta- de una oportunidad, para todos los cristianos, para reflexionar y tomar conciencia sobre lo que el párroco es y lo que significa en la Iglesia:
- En primer lugar, no es quien “representa” a Cristo, sino la persona que “hace presente a Cristo”; dos cosas bien distintas, que, si no se entienden, deben consultarse responsablemente.
- En segundo lugar, párroco es también el que hace presente al Obispo de la Diócesis en las distintas comunidades puesto que el Obispo, único responsable de la Iglesia diocesana, no puede estar presente en todas ellas. El párroco actúa en nombre del Obispo y estando en comunión con él.
- En tercer lugar, el sacerdote es un cristiano con todas las limitaciones humanas comunes a los todas las personas, que ha sido llamado por Jesús a través de la Iglesia para ser puente entre Dios y los hombres y viceversa. Ha sido convocado especialmente a efectos de dos claros objetivos: “anunciar la Palabra de Dios y alimentar la vida cristiana con los Sacramentos”.
- En cuarto lugar, el Párroco es quien hace presente a Jesús, el “buen pastor”, para guiar, conducir, corregir, aliviar, curar y sanar a los que están heridos y sienten necesidad de todo esto.
- En quinto lugar, tiene que animar a la Comunidad Cristiana para que se sienta responsable en la misión que Jesús ha comunicado a cada uno de los que la integran.
Si el párroco en una comunidad es el que tiene que hacer todo y si sobre él se descargan las propias responsabilidades a partir de los dones recibidos, estamos bien lejos de lo que Jesús quiere para su Pueblo. Nadie tendría que ser “pasivo” en la Comunidad. Cada uno -de acuerdo a su situación- está invitado (pero nunca obligado) a prestar su colaboración. Esto en cuanto a la difusión de la Palabra, de la Caridad, del Culto, de la Economía, etc.
Entonces, para que todo esto -que no es todo- se pueda realizar, recemos los unos por los otros, por el párroco circunstancial y para que tomemos conciencia de lo importante y grande que es “ser la familia de Jesús” en nuestra comunidad.

8 de agosto: DÍA DEL DIACONO
Tal como se está haciendo todos los años, la Celebración y Fiesta de los Diáconos Permanentes de nuestra diócesis se realizará en nuestra Parroquia. Para la ocasión estará presente nuestro obispo Mons. Rubén Frassia.
Estos festejos constan de dos partes: la primera es la celebración Eucarística presidida por nuestro obispo a las 20 hs.; la segunda parte es el encuentro fraterno con todos ellos y sus familias. Nuestra Comunidad, como anfitriona, está invitada de una manera especial.
Como se celebra un sábado se suspende la misa de las 18 hs. para dar lugar al acontecimiento de la celebración de las 20 hs.
Para el encuentro fraterno es importante contactarse con el Diácono José Oggioni para reservar la entrada.

21 de agosto: DÍA DEL CATEQUISTA
El “servicio del Catequista” tiene dos aristas: servir a Jesús continuando su obra evangelizadora y servir a los catecúmenos y a sus padres acompañándolos en el camino que los hará cristianos por elección.
Es una tarea difícil hoy en día; sobre todo porque las cosas de Jesús no interesan demasiado y estamos más ocupados por las cosas humanas (egoísmo, individualismo, intereses, etc.). Por eso, al Catequista se le pide “interés, actualización, fantasía, imaginación, dedicación, estudio y conocimiento, profundización, vida de oración “bíblica” (escuchar, rumiar, responder),  pero sobre todo trabajar juntos y no un “cortarse solos”. El servicio del Catequista es fundamental para el crecimiento de la Comunidad y tomarlo así es “amar a la Iglesia”.
¿Y de parte de la Comunidad? Lo fundamental es, ante todo, rezar por los Catequistas, interesarse por ellos/as, ser acogedores de los padres de los catecúmenos: “de cómo ustedes se amen, reconocerán que son mis discípulos”. La Catequesis no es un “apéndice” de la Comunidad, sino una de las actividades-servicio más importantes.

5 de setiembre: PEREGRINACIÓN DIOCESANA A LA VIRGEN DE LUJAN
Todos estamos invitados a este encuentro con la Virgen María. Debemos ir pensando sobre la participación y la preparación para que la Peregrinación sea el signo del “caminar” en la vida cristiana, acompañados por la Madre María. Si le damos el sentido que se merece, nos enriquecerá interiormente y como comunidad. Interesemos también a nuestras amistades y familiares, podemos ser “instrumentos” para que otras personas se encuentren con Jesús por medio de la intercesión de María.
Se avisará en breve sobre el desarrollo de la misma y la venta de los pasajes.
¡PARTICIPEMOS!


viernes, 31 de julio de 2015

Carta del Párroco



Queridas familias:
Si miramos el calendario de este mes, notaremos que hay recordatorios especiales: día del Párroco, de los Diáconos, de los Catequistas, del Seminario diocesano. Sería bueno entonces que, por medio de estos acontecimientos, centremos la atención sobre lo que significa “ser cristiano” puesto que la esencia del auténtico creyente está en el “servicio”, en el salirse de uno mismo para abrir el corazón a las necesidades de nuestros hermanos, sea cual fueren estas prioridades. En esto no hay debate posible: el servicio cristiano es una certeza que no se discute.
Pero, ¿dónde nace este criterio? Pues bien, ¡en el Evangelio como nueva y buena noticia de parte de Dios por medio de Jesús!
En su evangelio, San Juan nos relata la “última cena”, momento central de la vida de Jesús antes de dejar este mundo para indicarnos como allí, en esa Liturgia Pascual actualizada, Cristo hace entrega de su vida: “tomen y coman” de su cuerpo. En la descripción de este acontecimiento Juan centra la atención en que el comer y beber el Cuerpo y la Sangre de Cristo lleva a identificarse con Él. De esta manera, nos muestra como Jesús lo “enseña”, levantándose de la mesa, colocándose una toalla en la cintura y lavando los pies a sus amigos. Si leemos el relato veremos muchas indicaciones, pero lo esencial es que nos enseña definitivamente que no se puede ser cristiano sin ser servidor del prójimo. Servimos a Dios cuando servimos a los hermanos. Y no solamente en los momentos importantes, sino en la cotidianidad, al ejercerlo cada uno según su vocación específica.
Este mes recordamos el “servicio” en la comunidad, pero no es un gesto exclusivo de ella: la comunidad se construye solamente si hay servicio en todos los casos y si cada uno lo sabe asumir. Muchas veces usamos la excusa del “¡no tengo tiempo!”, pero, ¿usamos bien el tiempo?, ¿qué cantidad y calidad de tiempo le damos a las cosas de Dios? Miremos adelante y veremos que mientras de este mundo no nos llevamos casi nada, el Juicio de Dios tiene presente el “servicio” aquí en la tierra (leer Mateo 25).
Si creemos que puede existir una primavera de la Iglesia, ésta se dará por el servicio, que es la actitud del buen cristiano; como decía un sabio: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”.
Pidamos a María que, Servidora del Señor como ella fue, lo podamos también ser nosotros, asumiendo nuestras responsabilidades.
Y que la bendición de Dios nos acompañe.
Con la bendición de Dios

lunes, 6 de julio de 2015

“Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti” (San Agustín)


¿De quién depende la Salvación?, cuando por Salvación se entiende la obra de Jesús que vino para perdonar nuestros pecados y hacernos re-nacer a la vida nueva de hijos de Dios y hermanos entre nosotros y abrirnos las puertas de la eternidad.
San Agustín, un gran estudioso siempre iluminado, nos dice que la salvación depende de Dios y de nosotros, siempre juntos. El objetivo de la creación del hombre por parte de Dios consiste en poder participar de su vida, entrar en el círculo de su Amor, hacernos participar de él. Poseer la vida es el  don divino: el don más grande que hayamos recibido. ¡Y qué poca importancia le damos a este don! Estamos tan acostumbrados a “tener vida” que olvidamos la relación que ésta tiene con el creador.
Ciertamente, la existencia tiene sus vueltas, nada es fácil, y muchas veces pensamos que todas las desavenencias que se nos presentan, si es que Dios existe, no tendrían que estar presentes. Sin embargo, Dios nos creó “muy buenos” pero también con “libertad” (¡Qué respetuoso este Dios creador!). Y a la libertad muchas veces la entendemos mal, no como la entendió el creador. Nosotros pensamos que tenemos libertad para hacer “lo que queremos”; mientras que se nos fue dada “para hacer el bien”. A causa de esto, siempre tenemos que elegir entre lo que queremos y hacer el bien.
Es así que lo que Jesús realizó en plena libertad se convierte en parámetro para que nosotros obremos de la misma manera.
Por eso la salvación depende también de nosotros, de nuestras elecciones. Se puede vivir de muchas maneras, también a contramano de éticas y morales y contra el sentido común: siempre dependerá de nosotros, de esta posibilidad de hacer el bien o no.

Como buenos cristianos tratemos de que, como dice Papa Francisco, “no nos roben la fe, la esperanza y el Amor de Dios”

sábado, 4 de julio de 2015

Seguimos presentado la Exhortación del Papa Francisco:



Capítulo IV: La dimensión social de la evangelización

·            “Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. ¿Quién pretendería encerrar en un templo y acallar el mensaje de san Francisco de Asís y de la beata Teresa de Calcuta? Ellos no podrían aceptarlo. Una auténtica fe —que nunca es cómoda e individualista— siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra” (n. 183).
·            “La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar, no solo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que solo podrá llevarla a nuevas crisis. Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, solo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales” (n. 202).
·            “¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común (…) ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres!” (n. 205)
·            “Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno. La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana, pero si además la miramos desde la fe, ‘toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre’” (n. 213).
·            “Precisamente porque es una cuestión que hace a la coherencia interna de nuestro mensaje sobre el valor de la persona humana, no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. Quiero ser completamente honesto al respecto. Este no es un asunto sujeto a supuestas reformas o ‘modernizaciones’. No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?” (n. 214)
·            “La Iglesia no pretende detener el admirable progreso de las cienciasAl contrario, se alegra e incluso disfruta reconociendo el enorme potencial que Dios ha dado a la mente humana. Cuando el desarrollo de las ciencias, manteniéndose con rigor académico en el campo de su objeto específico, vuelve evidente una determinada conclusión que la razón no puede negar, la fe no la contradice. Los creyentes tampoco pueden pretender que una opinión científica que les agrada, y que ni siquiera ha sido suficientemente comprobada, adquiera el peso de un dogma de fe. Pero, en ocasiones, algunos científicos van más allá del objeto formal de su disciplina y se extralimitan con afirmaciones o conclusiones que exceden el campo de la propia ciencia. En ese caso, no es la razón lo que se propone, sino una determinada ideología que cierra el camino a un diálogo auténtico, pacífico y fructífero” (n. 243).

·            “Un sano pluralismo, que de verdad respete a los diferentes y los valore como tales, no implica una privatización de las religiones, con la pretensión de reducirlas al silencio y la oscuridad de la conciencia de cada uno, o a la marginalidad del recinto cerrado de los templos, sinagogas o mezquitas. Se trataría, en definitiva, de una nueva forma de discriminación y de autoritarismo. El debido respeto a las minorías de agnósticos o no creyentes no debe imponerse de un modo arbitrario que silencie las convicciones de mayorías creyentes o ignore la riqueza de las tradiciones religiosas. Eso a la larga fomentaría más el resentimiento que la tolerancia y la paz” (n. 255).

jueves, 2 de julio de 2015

El Rincón de la Catequesis



CATEQUESIS  DEL PAPA  FRANCISCO SOBRE EL PRECIO QUE LOS NIÑOS PAGAN POR UNIONES INMADURAS Y SEPARACIONES IRRESPONSABLES
 
El Santo Padre afirma que los niños pagan el precio de 'uniones inmaduras y de separaciones irresponsables'. El Señor juzga nuestra vida escuchando lo que refieren los ángeles de los niños

Queridos hermanos y hermanas,
En la catequesis sobre la familia completamos hoy la reflexión sobre los niños, que son el fruto más bonito de la bendición que el Creador ha dado al hombre y a la mujer. Ya hemos hablado del gran don que son los niños, hoy debemos lamentablemente hablar de las “historias de Pasión” que viven muchos de ellos.
Muchos niños desde el principio son rechazados, abandonados, despojados de su infancia y de su futuro. Alguno osa decir, casi para justificarse, que ha sido un error hacerles venir al mundo. ¡Esto es vergonzoso! ¡No descarguemos sobre los niños nuestras culpas! Los niños no son nunca “un error”. Su hambre no es un error, como no lo es su pobreza, su fragilidad, su abandono; y no lo es ni siquiera su ignorancia, o su incapacidad. Muchos niños no saben lo que es una escuela.
En todo caso, se trata de motivos para amarlos más, con mayor generosidad. ¿Qué hacemos con las solemnes declaraciones de los derechos del hombre y del niño, si después castigamos a los niños por los errores de los adultos?
Aquellos que tienen la tarea de gobernar, de educar, pero diría todos los adultos, somos responsables de los niños y de hacer lo que cada uno de nosotros pueda para cambiar esta situación. Me refiero a la pasión de los niños. Cada niño marginado, abandonado, que vive por la calle mendigando e intentando sobrevivir de cualquier manera, sin escuela, sin atención médica, es un grito que sube a Dios y que acusa el sistema que hemos construido. Y lamentablemente estos niños son presa de criminales, que les explotan para el tráfico y el comercio indigno, y los adiestran para la guerra y la violencia.
Pero también en los países, así llamados, ricos, muchos niños viven dramas que les marcan de una forma muy fuerte, por la crisis de la familia, de los vacíos educativos y de condiciones de vida a veces deshumanas. En cualquier caso, son infancias violadas en el cuerpo y en el alma. ¡Pero ninguno de estos niños es olvidado por el Padre que está en el cielo! ¡Ninguna de sus lágrimas se pierde!, como tampoco se pierde nuestra responsabilidad, la responsabilidad social de las personas y de los países.
 (Continuará)