La Iglesia santa: catequesis del Papa Francisco
En
el 'Credo', después de expresar: 'Creo en la Iglesia: una', añadimos inmediatamente el
adjetivo 'santa'; en este momento afirmamos, por tanto, la santidad de la Iglesia, y esta es una
característica que ha estado presente desde el inicio en la conciencia de los
primeros cristianos, que se llamaban simplemente 'los santos' (cfr. At
9,13.32.41; Rm 8,27; 1 Cor. 6,1) porque tenían la certeza de que es la acción
de Dios, el Espíritu Santo, lo que santifica la Iglesia.
Pero
¿en qué sentido la Iglesia
es santa si vemos que su versión histórica, en su camino a lo largo de los
siglos, ha tenido tantas dificultades, problemas, momentos oscuros? ¿Cómo puede
ser santa una Iglesia hecha de seres humanos, de pecadores?: hombres pecadores,
mujeres pecadoras, sacerdotes pecadores, monjas pecadoras, obispos pecadores,
cardenales pecadores, papas pecadores. Todos. ¿Cómo puede ser santa una Iglesia
así?
1.
Para responder estas preguntas quisiera guiarme por un fragmento de la Carta de san Pablo a los
cristianos de Éfeso. El apóstol, tomando como ejemplo las relaciones
familiares, afirma que "Cristo ha amado la Iglesia y se ha dado a sí
mismo por ella, para hacerla santa" (5,25-26). Es decir, Cristo la ha
amado donándose a sí mismo en la cruz. Por tanto, la Iglesia es santa porque
procede de Dios, que es santo, que le es fiel y no la abandona en poder de la
muerte y del mal (cfr. Mt 16,18), y que está unido de forma indisoluble a ella
(cfr. Mt 28,20). La Iglesia
es santa porque está guiada por el Espíritu Santo que purifica, transforma,
renueva. No es santa por nuestros méritos, sino porque Dios la hace santa,
porque es fruto del Espíritu Santo y de sus dones. No la hacemos santa
nosotros, sino Dios, el Espíritu Santo, en su amor.