¿PARA QUÉ SIRVEN LOS
SACRAMENTOS?
Los Sacramentos de la Iglesia, que son siete y
fueron fijados en el Concilio de Letrán IV (año 1215) para ser definitivamente
aprobados en el de Trento (que tuvo lugar entre 1545 y 1563), son signos y
medios para vivir la vida de fe. Son signos de
la Iglesia y
por lo tanto para la Iglesia. Para los
que no creen y para los que no saben de qué se trata, no tienen ningún sentido.
Por eso, antes de acercarse a ellos es bueno hacerse esta pregunta: ¿para qué sirven?, ¿cuál es el objetivo por
el cual existen?
Consideremos primeramente los Sacramentos de Iniciación cristiana:
bautismo, confirmación y eucaristía.
Esta triada sirve para hacer que quien no es parte de la Iglesia comience a serlo.
Mirémoslos separadamente:
- BAUTISMO: es el sacramento
(signo) que tiene como objetivo hacer visible la entrada a la Iglesia, es el signo de
pertenencia. Si no interesa esto, tiene poco sentido realizarlo.
- CONFIRMACION: está caracterizado por el mandato de ser
representante oficial frente a los demás en su doble misión de construir la
comunidad y ser testimonio anunciando la buena noticia. Pero… ¿qué sucede hoy
en día con quienes aceptan este sacramento el domingo siguiente a su recepción?
- EUCARISTÍA: este sacramento es toda la celebración, no el
solo acto de recibir la comunión. Participar de la Eucaristía, con todo lo
que ella conlleva, es acoger el deseo de Cristo de compartir su vida con
nosotros para que nosotros la compartamos con nuestros hermanos en la fe en la
comunidad y con todos los demás. Así, EL
COMPONENTE DE LA
COMUNIDAD PARROQUIAL ES EXTREMADAMENTE IMPORTANTE. Hacer la Comunión es mostrar
visible y públicamente que queremos hacer nuestro el deseo de Jesús de hacer
comunión con uno mismo y, por lo tanto, uno mismo con los demás, (recordar el
lavatorio de los pies). Entendemos entonces que la comunión no es comerse el
pancito para que Él haga magia en mi vida o para que me santifique. Sin la
comunión con los demás, la
Eucaristía no tiene sentido.