El día
5 de noviembre celebramos la Jornada
Nacional del Enfermo. La Iglesia quiere que nos detengamos unos instantes
para reflexionar sobre la enfermedad, está limitación de la naturaleza humana.
Y mirarla desde la fe o por lo menos tomarla en consideración así como lo hizo
Jesús, “quien asumió en todo nuestra naturaleza humana, menos el pecado”.
Jesús tuvo una preocupación para con todos,
pero le dedicó tiempo también a los enfermos de todas las condiciones; así por
lo menos lo relata el Evangelio. Pero es también hay que constatar para no
confundirnos, que Jesús no curó milagrosamente a todos los enfermos de Israel.
Los Evangelios nos presentan algunas curaciones, resurrecciones. Y si lo hacen
es para afirmarnos que El vino para
sanar la interioridad el hombre y para desterrar la causa de todos los males.
La enfermedad será nuestra compañera de viaje hasta el último día, pero, así
como a El lo ayudaron a llevar la cruz, ahora será El quien nos ayuda a
nosotros a llevar la propia, incluida la de la enfermedad (el deterioro del
aspecto humano – material de la vida). Solo después de la muerte entraremos en
la resurrección (del cuerpo) donde no habrá ya ningún tipo de enfermedad y
muerte.
