Ya es costumbre en nuestra Comunidad compartir la Comunión depositando la hostia en la mano y consumiéndola uno mismo. Es un gesto adulto con grande significado. Pero como todo signo, con el pasar del tiempo, se convierte en antisigno o no nos dice demasiado. Por eso S. Pablo le decía a su Comunidad de Corinto que tenía que examinarse antes de “comer el Cuerpo de Cristo”. ¡Se ve que también ellos tomaban todo a la chacota!
Hay una tendencia dentro de la Iglesia que no acepta esta posibilidad. Y así podemos vemos como en las Misas que celebra el Papa, los que se acercan a él para la comunión se tienen que arrodillar y la Hostia les es depositada en la boca (¡como era antes!). Igualmente sigue siempre en pié la posibilidad de recibirla en la mano. Lo otro nos puede servir para recordarnos con qué espíritu y disposición tenemos que estar dispuestos para que Jesús comparta su Cuerpo con nosotros. Las disposiciones que nos da la Iglesia son para que tengamos ese espíritu.