“Educar
a la pertenencia a la Iglesia”
(Card. Martini)
“Ustedes padres sienten la responsabilidad de proveer a la felicidad de
sus hijos: están dispuestos a conceder
mucho, muchas veces demasiado, “con tal de que él esté contento”.
Esto se convierte en motivo de ansias, de sentidos de culpa, de
desconsuelo cuando no llegan a obtener que los hijos asuman, compartan vuestras
indicaciones, cuando resultan impracticables las propuestas que parecen tan
obvias a los sacerdotes, a los maestros, a los expertos que escriben en los
diarios.
A mí me parece que sea más sabio considerar que los padres no son culpables de todos los errores y la
infelicidad de los hijos, de todas las desavenencias de cierta juventud
desgastadas por la indefinición o que viven en la trasgresión. Es excesivo que
un papá y una mamá se sientan culpables
de todo: es más prudente y tranquilizador compartir la responsabilidad dentro
de una comunidad.
Cuando llevaron a su hijo a la
Iglesia para pedir el Bautismo han declarado la fe en el
Padre que está en los cielos y la decisión que el hijo creciera en la comunidad
cristiana.
Me parece que una consecuencia coherente de la decisión al pedir el
bautismo para los propios hijos sea una obra educativa que se preocupa por
insertar en una comunidad, por promover la participación, por inculcar en los
chicos y en los jóvenes un sentido de pertenencia a la comunidad cristiana en
la que se educa a la fe, a la oración, a la pregunta sobre el futuro. Una
familia que se aísla, que defiende la propia tranquilidad sustrayéndose a los
momentos comunitarios resulta ser al final más frágil y abre la puerta a aquel
nomadismo de los jóvenes que van de aquí para allá saboreando muchas
experiencias, también contradictorias, sin nutrirse de ningún alimento sólido.
Insertarse en una comunidad puede exigir algún tipo de esfuerzo y no
ahorra algún tipo de humillación: pienso a las familias que cambiaron de casa y
se sienten perdidas en los nuevos barrios, pienso a aquellas que sufren alguna
incomprensión, pienso a aquellas a quienes les gusta ir a otros lugares para
ver gente, para practicar deportes, para respirar un poco de aire puro. Bien:
llega el tiempo en el cual hay que elegir las prioridades. El futuro de
vuestros hijos tiene necesidad de decisiones que declaren qué cosa es más
importante.
Considerar irrenunciable la participación a la misa dominical introduce a
una mentalidad de fe que considera que sin El Señor no se puede hacer nada de
bueno.
Por lo tanto la frecuencia a la misa dominical en vuestra parroquia, la
participación a las fiestas de vuestra comunidad, el asumir alguna
responsabilidad, la preocupación para
que los hijos participen de los grupos juveniles, de la catequesis, los
compromisos y las iniciativas de los jóvenes de la parroquia son una manera
para favorecer este sentido de pertenencia que da estabilidad y conduce a un
progresivo hacerse cargo de la comunidad que puede madurar también en una
vocación a su servicio”.